lunes, 22 de agosto de 2016

La vida de Mateo (Cuento de imagenes)

En la ciudad de Bogotá, Mateo, un joven de unos 16 años quien vivía una vida feliz y corriente, una vida en la que los problemas parecían no presentarse y en la cual todo era mayoritariamente diversión, así creía el que sería su vida para siempre.
Durante un tiempo Mateo lleno de esperanzas, estuvo planeando un viaje para acampar con sus amigos, y para fortuna de él, le fue posible hacerlo. Sus padres, aunque un poco preocupados, decidieron acceder a la idea y dejar que él se aventurara en su primer viaje sin ellos. Los días pasaron, y pronto llego el momento de dejar la casa- No será mucho tiempo mamá, no hay necesidad de estar tan asustada- dijo el joven al verse frente a su madre preocupada   en la entrada de la casa por la que el saldría a su viaje sin nada más que una maleta.
Mateo empezó su recorrido, el que debía tomar hacia el punto de encuentro que había pactado con sus amigos. Cuando salió de la casa el clima se veía agradable, haciéndole pensar que podía irse a pie, lo que él no sabía ni se esperaba era que el destino tenía otros planes, primero fueron pequeñas gotas, luego una llovizna leve, hasta que al final empezó a llover fuertemente, Al no poseer una sombrilla entre sus cosas, Mateo se vio obligado a emprender trote para, aunque sea un poco, disminuir la cantidad de agua que se acumularía en su ropa. Tras lo que pareció un recorrido largo corriendo, Mateo finalmente se encontró con sus amigos, allí se encontraría con la sorpresa de que en el carro que tenían pensado irse, solo cupirian las maletas, por lo tanto le toco tomar un bus.
Teniendo solo una opción para llegar a su destino y tras haber verificado que tenían el dinero suficiente, se dirigieron a la terminal donde tomarían el bus. Las horas pasaban y el bus que tomaría no llegaba, y al encontrarse un poco incómodo con su higiene tras el trote y el sudor mesclado con el agua de la lluvia, se dirigió rápidamente al baño para acearse aunque fuera un poco, aprovechando la oportunidad para vaciar su vejiga. No tomo mucho tiempo, pero si el suficiente para que el bus llegara, al escucharlo desde el baño termino de hacerlo lo que hacia allí, y sin pensarlo dos veces corrió detrás del bus en el que ya estaban sus amigos. Mateo corrió con todas sus ganas en lo que parecieron las tres cuadras más largas que haya corrido en su vida, pero solo pudo agradecer que el bus se haya detenido y al fin entrar a tomar su merecido asiento, aunque fue en ese momento en el cual, aunque no lo sabía, todo iba a cambiar. Se veía agotado, y su piel pálida por el mareo y la ganas de vomitar, pensando que eran síntomas secundarios del ejercicio involuntario hecho previamente, decidió no prestarle atención, sin embargo, luego se daría cuenta de la verdad.
Al llegar al sitio donde iban a acampar, Mateo no se sentía muy bien, así que armo su carpa y fue a echarse una siesta para descansar, al llegar la noche y después de la comida, Mateo se sentía algo mejor, el mareo había pasado y su piel recuperaba el color original, después de unas risas y chistes frente a la fogata decidieron todos irse a dormir, alrededor de las dos de la mañana, Mateo se sentía muy sofocado, como si le faltara el aire, sale de su tienda para calmarse un poco, su vista se empieza a llenar de puntos negros, se siente aún más débil, para suerte suya, un amigo que se encontraba vaciando la vejiga, lo vio y le pregunto qué hacía despierto a esta hora, Mateo no podía decir ninguna palabra, aunque quería explicarle a su amigo lo que le sucedía, los sonidos no salían de su boca. Lleno de preocupación, su amigo procedió a llamar a los demás- No sé qué le pasa!- exclamo con preocupación, los otros simplemente observando trataron de descifrar cuál era el problema, y al ver que era algo que se  salió de sus manos, hicieron lo que cualquiera haría, llamar a la ambulancia.
Pronto la ambulancia llego al lugar donde se encontraban, rápidamente poniendo a Mateo en una camilla y llevándolo hacia el hospital. Las horas se alargaron, los doctores revisaban el cuerpo y los síntomas, pero no detectaban ninguna enfermedad conocida, y la preocupación aumentaba, tratándose de una enfermedad aun no descubierta, Mateo se sentía tan mal que en ese momento que veía eran luces blancas, las mismas luces del hospital, lo que aún no sabía era que su vida se iba a volver casi nada, y que su mundo se vería reducido a cuatro paredes totalmente blancas, en un lugar donde la luz del día o la noche no entraría, donde ni el tiempo pasaría y los días parecerían eternos.         
“¿Qué hora es?, ¿Qué día es?, ¿Estará haciendo buen clima?” son los pensamientos que tenía Mateo al estar en ese cuarto, totalmente solo, ya que no se le permitían las visitas por ser la zona de cuarentena, su estrés empezaba aumentar, no poder hacer nada y tampoco saber que es la enfermedad que lo tiene en esta sala, la comida era asquerosa, de hecho habían diasque no le llevaban la comida, la tv que tenía en su cuarto no salían canales con buena calidad, y sin poder ver una cara familiar hacia que su cordura tambaleara.
En ese momento, una luz empezó a brillar con gran intensidad y la silueta de u hombre que se veía en la lejanía frente a la puerta, al principio pensó que era un producto de su imaginación, esa idea se fue desvaneciendo, era el doctor, quien venía a decirle una gran noticia, la cual era que iba a hacer trasferido de cuarentena a un cuarto particular. Los ojos de Mateo brillaban de la felicidad, él      no lo puedo evitar y una gran sonrisa se dibujaba en su rostro.
Apenas entro a la habitación particular se sentía libre, ver el sol nuevamente y dejar que los rayos cayeran en su rostro, fue una sensación mágica para él, pero eso no fue todo, por fin pudo ver a su familia otra vez, después de un mes bastante largo, por fin ver la cara de su mama, papa y demás familia  no lo pudo aguantar, las lágrimas empezaron a caer de sus ojos y sin pensarlo dos veces fue a abrazarlos. Los días pasaron y no se presentaron otra vez esos síntomas que lo habían enviado al hospital, por lo tanto le dieron de alta, salió del hospital y lo primero que hizo fue comer una pizza de carnes grande.

Actualmente no sean vuelto a presentar síntomas, lleva una vida normal y feliz, en estos momentos está completando sus estudios, al final todo salió bien para Mateo y esta fue su historia.

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