Este extraño lugar al
que fui traída parecía solo un sueño, arrastrada en el aire por las garras de
un animal que aún al clavarse en mi piel parecían no doler. Mientras viajaba
pude ver un lugar el cual no era mi destino, en el habitaban tan solo tres personas,
de las cuales dos, un hombre y una mujer desnudos, movían su mano de un lado al
otro como un símbolo de despedida, a lo cual respondí moviendo mi mano también.
Se veían realmente felices en aquel lugar, aunque no lograba entender porque,
intente encontrar una explicación durante el resto de mi viaje por el cielo,
pero al momento de llegar a mi destino aún no tenía una respuesta.
Dejando mis dudas de
lado y llena de curiosidad por conocer el lugar al cual fui traída en contra de
mi voluntad, mire alrededor para ver una cantidad innumerable de personas,
todas riendo y disfrutando de diferentes maneras y por distintas razones, para
aquellos que disfrutaban de la euforia y éxtasis desenfrenados, esto no parecía
más que un paraíso, sin embargo, fue por esto mismo que decidí ser solo una
espectadora, disfrutando tan solo con la mirada y encontrando cada vez más
cosas que me rodeaban, animales extraños que sobrepasaban toda lógica, hombres
y mujeres divirtiéndose por igual, todos en una fiesta que parecía no tener
fin, parecía una fiesta dionisíaca infinita sin un Dios al cual alabar, lo cual
hacía del lugar uno en el que, probablemente, se manifestaran una gran cantidad
de pecados, pecados que no serían juzgados por nadie, o así lo pensé al
comienzo.
Pasados unos cuantos
días desde mi llegada, sentía como si la única razón de llegar aquí fuera la de
irme, y ese día no tardó en llegar, me sentía deleitada por lo que veía al
transcurrir el tiempo, pero me di cuenta de que nunca terminaba, mi vista se
veía siempre enrollada en una danza en la cual se desviaba de un lado al otro y
le era imposible descansar, necesitaba parar esto. Cansada de lo que veía, le
pregunte a un desconocido si era posible salir de este lugar, extrañamente esta
persona era la única entre la multitud que, al igual que yo, parecía tranquilo
entre todo el alboroto, demasiado tranquilo, si soy honesta. La persona no
respondió con su voz, si no con un leve gesto y extendiendo su mano hacia mí,
mis deseos de abandonar este lugar tan fuertes que me vi tentada a tomarla. Que
mal decisión. Mi vista estaba negra, no podía ver nada por un momento, hasta
que pude presenciar una serie de flashes, pude capturar unas cuantas escenas,
pero no una imagen detallada. ¿Dónde estoy? ¿Qué pasa? Me pregunte, sintiendo desespero
por abrir mis ojos, deseo que me fue cumplido unos pocos segundos después, solo
para presenciar otra atrocidad. El lugar en el que estaba era oscuro, pero
podía oír varios gritos, también podía distinguir figuras humanas gracias a las
llamas intensas de lo que parecía y asumí era el infierno, un infierno cruel en
el cual lo único que se veía alrededor era el sufrimiento de quienes habían
dado a parar ahí. Aquellos que están destinados a sufrir con lo que solían
disfrutar, así como yo estoy destinada a observar por siempre, mi cuerpo no se
mueve, tan solo funcionan mis ojos, ojos que observaran por el resto de la
eternidad, como lo hice desde que esta pesadilla comenzó.
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